¿Para qué seguir dándole vueltas a que nuestra vida podría ser mejor? Quizá ya sea hora de empezar a pensar en lo que queremos y en buscar la manera de conseguirlo.
“El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. He aquí por qué se nos escapa el presente”. Gustave Flauvert
La vida es un constante camino de ida y vuelta del equilibrio al cambio. De poco sirve encontrar culpables para aquello que ya es irremediable. Cuanto antes busquemos soluciones más pronto llegaremos a ese nuevo equilibrio.
“Nueve de cada diez oportunidades que me ha dado la vida las he provocado yo”. Dwight “Ike” Eisenhower
¿Cómo saber qué es lo que quiero? Como nos hemos enfocado en aquello que no nos gusta, decir a qué nos queremos acercar nos resulta complicado. En coaching dicen que un verdadero líder satisface necesidades, no deseos; seamos líderes de nosotros mismos. Por tanto, pregúntate ¿para qué lo quiero? Lo que pretendo que te plantees es ¿me quedaré satisfecho si tuviese eso que tanto me gusta? Si la satisfacción va a durar poco tiempo quizá sea un capricho, no una necesidad.
La principal labor de un coach es hacernos tomar conciencia, que no es poco. Muchos viven toda su vida en un sueño, y otros necesitan un ataque al corazón o un grave accidente de tráfico para darse cuenta de que esa no es la manera en que quieren vivir. Tomar conciencia es darte cuenta ahora mismo del ritmo de tu respiración o de la postura de tu columna vertebral. Con ello no se pretende que evalúes si es bueno o malo, sólo que observes, que sientas. Una vez que te has fijado te podrás plantear si son adecuadas, y luego decidirás si cambiarlas o no. ¿Quién decide sobre qué debes hacer en tu vida?
Hay personas que desde pequeñas tienen claro que quieren ser médicos, abogados o mecánicos. Otros llegan a edades avanzadas sin tener definido su proyecto de vida, sin tener claro para qué hacen su trabajo o por qué siguen repitiendo en su vida personal lo mismo una y otra vez. Así, lo que obtienen es el mismo resultado: placer a corto plazo y el mismo nivel de insatisfacción a largo plazo. Pongamos como ejemplo una situación más cotidiana: cuando vamos de compras y vemos un producto que nos gusta pensamos “es justo lo que necesito”. Lo compramos y nos sentimos satisfechos en ese momento, podría decirse que estamos felices (de hecho, lo sentimos). Pero después de un tiempo volvemos a darnos cuenta de que nos falta algo y comenzamos nuestra búsqueda una vez más. Pongan el ejemplo que quieran: un puesto de trabajo, un aumento de salario, una pareja, etc.
Debemos esforzarnos en conocernos a nosotros mismos, en saber qué cosas nos hacen sentir mejor y buscar la manera de dedicarles tiempo. No podemos permitirnos disfrutar sólo el mes de vacaciones y los fines de semana, ¿no crees? Dedícate tiempo. Una vez encuentres qué te gusta comprobarás que te cuesta hacerlo bien. Lamentablemente nadie nació aprendido, así que a ti también te va a tocar tener que aprender, perfeccionarte.
“La naturaleza nos ha dado las semillas del conocimiento, no el conocimiento mismo”. Séneca
Evita presionarte a hacerlo todo bien siempre, porque eso te puede llevar a dos frustraciones: no conseguir el proyecto y no haberlo disfrutado. Debido a esa autoexigencia algunos no vuelven a intentarlo más, pensando que así van a evitar volver a equivocarse. Al igual que un corredor de maratón no comenzó haciendo 40 km diarios de entrenamiento al día cuando decidió dedicarse al atletismo, tú tampoco harás bien desde el principio aquello que te propongas hacer. Permítete equivocarte y alcanzarás más rápido tus objetivos. Es parte del proceso. Disfrútalo.
Te quedan, pues, tres opciones: seguir como estás, esperar a que te suceda algo fuerte que te “obligue” a reflexionar o comenzar a escuchar las señales que constantemente te manda tu cuerpo. Tú decides.
“Vale más aprender a gestionar la incertidumbre que vivir sobre la ansiedad y la obsesión del control”. Javier Guix
Vive en PLENITUD.