Nuestra manera de comprender el mundo, la realidad que nos rodea, está cambiando gracias a las demostraciones que se han obtenido desde la Física Cuántica.
El documental ¿Y tú qué sabes?, y su segunda parte Dentro de la madriguera, ha conseguido divulgar muchas de las demostraciones relacionadas con el estudio del cerebro, de la realidad y de nuestra capacidad de influir en nuestras vidas.
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La idea base es: nosotros interpretamos lo que nos sucede y, por tanto, nosotros construimos nuestra realidad.
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A continuación tienes a tu disposición una conferencia del doctor en medicina Deepak Chopra en la que, con un lenguaje muy asequible, explica con gran claridad que la física cuántica ha logrado demostrar la existencia de la espiritualidad y, lo que es más importante, define qué abarca cada concepto.
Su lectura es muy reveladora y amena. Las palabras en rojo son añadido personal, el resto es transcripción literal del texto original.
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Conferencia del Dr. DEEPAK CHOPRA
Presentación del ponente: Deepak nació en Nueva Delhi, India. Su padre era doctor en Medicina. Él tuvo también su educación como médico en una prestigiosa universidad. Vino a Estados Unidos, practicó su profesión con gran éxito y fue Jefe de Cátedra en el New England Memorial Hospital. Y llegó el momento en que pensó que había algo que estaba faltando. Entonces comenzó a estudiar sobre sabiduría antigua…Es un gran privilegio presentar al doctor Deepak Chopra.
Muchas gracias, es un privilegio y un honor para mi hablar para ustedes. Esta tarde me gustaría darles una vista general, no sólo del material de mi último libro Cuerpo sin Edad, Mente sin Tiempo (Ageless Body, Timeless Mind), sino las bases completas de lo que surge en nuestra sociedad, el comienzo de la etapa del estado de alta conciencia.
Mientras investigaba para mi último libro, se me hizo obvio que tenemos ciertas supersticiones sobre nosotros mismos, y también sobre el proceso de envejecimiento. No las basaremos en hechos científicos, de la manera que ahora entendemos la ciencia, que por los últimos doscientos o trescientos años estuvo más o menos congelada, en un esquema obsoleto. Esa ciencia, denominada con el término popular de física newtoniana, sostiene que vivimos en un universo físico, que tiene objetos separados en el tiempo y el espacio. Y que nuestros cuerpos físicos son parte del universo físico, esencialmente como objetos físicos, como maquinaria física, que ha aprendido a producir conciencia.
Que la conciencia es un fenómeno derivado de la materia, y que si tenemos pensamientos y sentimientos, emociones y deseos; instintos, e impulsos, que uno se enamora, que si cree en Dios, o en el cielo, o el infierno, o en la salvación, o la perdición, o cualquier cosa por el estilo, es el resultado de procesos bioquímicos, el resultado de una danza de moléculas.
El modelo de realidad viene a nosotros de una premisa. Y esa premisa es que la experiencia sensorial es la prueba verdadera para determinar lo que es real, lo que es en realidad. Que si podemos percibir algo a través de nuestros sentidos, si podemos tocarlo, sentirlo y verlo, entonces es real. Bueno, yo espero que para cuando terminemos esta tarde, ustedes estarán de acuerdo conmigo en que si usted puede tocarlo y verlo, ese algo realmente no existe. (Risas en la sala).
Por sentido común, si algo sabemos ahora sobre nuestros sentidos, es que ellos son la prueba menos confiable de la realidad. Después de todo, nuestros sentidos nos dicen que la tierra es plana, y nadie cree eso ya.
Los sentidos nos dicen que la tierra que pisamos es firme, y nosotros sabemos que está girando a velocidad vertiginosa, moviéndose hacia el espacio exterior a miles de kilómetros por hora. Los sentidos nos dicen que las cosas tienen textura, forma, solidez, y color, y tenemos la tendencia a creer que ésa es la naturaleza intrínseca del objeto que percibimos. Nada puede estar más lejos de la verdad. Esto que está aquí no es la naturaleza intrínseca del objeto que percibimos. Es la naturaleza intrínseca de quien está percibiendo el objeto.
Y también la naturaleza intrínseca del sistema nervioso que hemos aprendido a usarlo para percibir (porque la percepción es un fenómeno aprendido), nos representará un cierto cuadro del mundo. Pero de hecho, lo que vemos del mundo no es su apariencia, es solamente nuestra manera de mirarlo. Esto es verdad, no solamente para el sistema nervioso humano, sino para todas las especies que existen en nuestro planeta. La abeja, por ejemplo, no tiene los receptores usuales que nosotros tenemos que perciben las ondas de la luz. Las abejas son sensibles a la radiación ultravioleta, por lo tanto, cuando una abeja ve una flor, no ve la misma flor que vemos nosotros. Ella ve, o percibe, miel a la distancia. Y la misma flor aparecerá como radiación infrarroja a una serpiente. Un murciélago la percibirá como un eco de ultrasonido, que no significa nada para ustedes o para mí. Y el globo ocular del camaleón se mueve en dos ejes diferentes y ustedes ni remotamente pueden imaginarse cómo un camaleón ve esta sala. (Risas en el público).
Por lo tanto, ¿cuál es la verdadera forma del mundo, cuál es su verdadera textura, cuál es su verdadera fragancia? La respuesta es que no hay tal cosa. Todo depende de quién esté mirando y la clase de instrumentos que esté usando para tener esa experiencia.
El Dr. John Echols, conocido neurofisiólogo que ganó el Premio Nobel de Medicina en fisiología, hace casi tres décadas, es ahora un ejemplo perfecto de Cuerpo sin Edad, Mente sin Tiempo. Tiene 88 años de edad, vive en Australia y está escribiendo un nuevo libro sobre Mecánica de la Percepción. Él me hizo esta afirmación: “Quiero que sepa que no hay color en el mundo real, que no hay texturas, no hay fragancias, no hay belleza ni fealdad. Allí afuera, más allá de los límites de nuestro aparato de percepción, hay una radicalmente ambigua sopa cuántica que fluye incesantemente…” Y nosotros somos como magos, literalmente, que tomamos esa ambigua sopa de energía, y antes de darnos cuenta, la convertimos en un evento de tiempo-espacio, que llamamos objeto. Somos como el Rey Midas, que nunca pudo conocer la verdadera textura de una rosa o la suavidad de un beso, porque todo lo que él tocaba se convertía en oro.
De la misma manera, allí afuera, antes de elegir el percibir, está esa sopa de energía e información fluyendo sin cesar, radicalmente ambigua y eterna. Y nosotros somos los magos que con todo eso creamos la experiencia de un mundo material. Este mundo material, a pesar de su solidez, de su enormidad, de su vastedad, de su materialidad, es realmente la extensión de algo que es abstracto e inefable. Y ese algo puede ser lo que usted y yo realmente somos. Pero como durante los últimos trescientos años nuestra ciencia ha estado embebida en la superstición del materialismo, la mayor parte de ella ha intentado entender el cuerpo humano en términos de su manifestación material.
Y así, la conciencia ha sido relegada a ser un fenómeno de la materia, un fenómeno material. La ciencia ha intentado dilucidar y entender los mecanismos de la enfermedad, con la esperanza de que si podemos comprenderlos o interferirlos con el agente material apropiado, ya sea farmacéutico, o biotecnológico, podríamos ser capaces de eliminarlas por completo. A través de antibióticos, no tendríamos infecciones; con quimioterapia nos libraríamos del cáncer; con bloqueadores H2 y otras clases de drogas nos libraríamos de las úlceras, etc.
El problema ha sido que los mecanismos de la enfermedad han sido confundidos con los orígenes de la enfermedad. Uno puede muy efectivamente interferir con los mecanismos, pero sólo para encontrar que la enfermedad siempre encuentra otras maneras de manifestarse. Por lo tanto, todas las viejas epidemias han sido reemplazadas por nuevas epidemias. En lugar de tuberculosis, malaria, viruelas, ahora tenemos epidemias modernas: de cáncer, sida y una serie de otras como arteriosclerosis, desórdenes degenerativos, infartos, enfermedad de Alzheimer, adicción a las drogas, alcoholismo, etc. Al tratar la enfermedad por el camino del mecanismo (y ese camino puede que a veces salve vidas en el caso de enfermedades agudas, y por lo tanto no debe ser totalmente negado), al tratar la enfermedad por el camino del mecanismo, frecuentemente sembramos la simiente de una enfermedad en el futuro.
Sabemos ahora, por ejemplo, que alrededor de cien mil personas mueren en los Estados Unidos por año, como directo resultado de infecciones por antibióticos, contraídas solamente en hospitales; que la causa nº 1 de la adicción a las drogas en el mundo, no es la que se vende en las calles, sino recetas médicas que son prescritas legalmente por doctores; que a pesar de que ahora haya más gente abocada a investigar el cáncer que gente que sufra de cáncer la incidencia del cáncer ha aumentado. Fui a una reunión del Instituto Nacional de la Salud hace unos años, donde alguien dijo que más personas viven del cáncer, que los que mueren de cáncer. (Risas en el público).
Está estimado que alrededor del 36% de pacientes en hospitales sufren de una enfermedad llamada yatrogénesis, que quiere decir enfermedad como resultado directo de intervención médica, enfermedad que una persona contrajo porque fue a ver a un doctor o porque entró al interior de un hospital. También está estimado que alrededor del 80% de la población de los Estados Unidos ingiere drogas médicamente prescritas cada 24 horas. Y a pesar de ello, en nuestra población la incidencia general de la enfermedad, o la mortalidad, o la mortalidad de la enfermedad en relación con la edad, no ha cambiado en forma significativa.
Y la razón es que estamos usando el modelo equivocado. Estamos considerando el cuerpo humano como la máquina física que aprendió a producir conciencia. Ese es el modelo que tenemos que descartar, y movernos hacia un nuevo modelo de realidad que está siendo presentado con más frecuencia en nuestra ciencia más reciente. El nuevo modelo nos dice que el cuerpo humano no es una estructura anatómica congelada, sino en realidad un río de inteligencia, de energía e información. Y de la misma manera en que ustedes no pueden bañarse en el mismo río dos veces, porque agua nueva está siempre fluyendo en él, el usted verdadero (y en un momento trataremos de averiguar quién es ese usted verdadero y dónde reside en realidad), el usted verdadero no puede entrar en la misma carne y hueso dos veces, porque en cada segundo de su existencia, usted está renovando su cuerpo más fácilmente, más espontáneamente, y con menos esfuerzo, que el que emplea para cambiarse de ropa. Los cuerpos físicos con que ustedes se sientan en este momento, no son los mismos con que entraron al salón hace un rato.
Uno puede observar el número de procesos vitales para ver la exactitud de esta declaración. En una inspiración que uno inhale, toma átomos del universo físico en una cantidad que es un número de 22 ceros, átomos que terminan como células de su corazón, de su cerebro, del riñón, y toda clase de células en su cuerpo. Y en cada aliento que exhala, está exhalando la misma cantidad con 22 ceros de átomos que provienen de cada pequeña célula de su cuerpo. En suma, usted está exhalando microscópicos trocitos de su corazón, de sus riñones y tejidos del cerebro, y hablando técnicamente, todos nosotros estamos compartiendo intermitentemente nuestros órganos todo el tiempo, los unos con los otros.
Walt Whitman dijo: “Cada átomo le pertenece a usted tanto como me pertenece a mí” , y éste es un hecho de la fisiología. Usted tiene en su cuerpo en este momento un millón de átomos que estuvieron una vez en el cuerpo de Cristo, o Buda, o Lao Tse, o Leonardo da Vinci, o Miguel Ángel, o Mahatma Ghandi, o cualquier otra persona que usted pueda pensar que haya existido en nuestro planeta. Es un hecho que reemplazamos el 98% de todos los átomos de nuestro cuerpo en menos de un año. Fabricamos un nuevo hígado cada seis semanas, piel nueva una vez al mes, un nuevo recubrimiento interno del estómago cada cinco días, incluso en el DNA que conserva memoria de millones de años de tiempo de evolución, lo que en realidad es la materia prima, viene y va cada seis semanas, como aves migratorias. Y en menos de dos años, reemplazamos nuestro cuerpo completo, hasta el último átomo.
Por lo tanto, posiblemente nosotros no podamos ser nuestro cuerpo físico, que va y viene en un abrir y cerrar de ojos. El cuerpo físico es tierra, agua y aire que se va reciclando. Y quizá estamos confundiendo el caballo con el jinete. Yo y mis recuerdos, mis emociones, mis deseos, están usando estas moléculas para manifestarse, para expresarse. Quizá el cuerpo físico es solamente el lugar que nuestros recuerdos, por el momento, llaman hogar.
Shakespeare, a través de Próspero, dice: “Nosotros somos el elemento del que están hechos los sueños”. Puede ser que esté señalando un hecho de la fisiología, un hecho real, y no simplemente una metáfora.
Mientras estaba investigando para mi último libro, Cuerpo sin Edad, un cardiólogo me llamó desde Chicago, refiriéndose a mi anterior libro, Curación Cuántica, a la parte que trata sobre la memoria de las células para decirme que tenía una interesante paciente para que yo atendiera. Se refería a una joven mujer, de 65 años de edad, que se le había hecho transplante de corazón, por una llamada cardiomiopatía. Poco después de su operación, cuando ya había dejado el cuarto de recuperación, se le preguntó si deseaba beber algo y ella pidió un vaso de cerveza, lo que realmente la sorprendió. Esa noche, en la cena pidió “pollo McNuget, del restaurante McDonald, que la sorprendió más todavía.
Tres semanas más tarde, estando ya en su casa, tuvo un sueño. Y en el sueño se le aparece un joven que le dice: “mi nombre es Timmy L. y en verdad la quiero porque usted tiene mi corazón”. Al día siguiente, consultó las páginas necrológicas y encontró ese nombre. Investigando, descubrió que este joven, Timmy L., había tomado abundante cerveza y había terminado de salir de un McDonald cuando tuvo el choque fatal con su auto. Y que él fue el donante de su corazón.
Si me hubieran contado la historia hace 10 años, probablemente le hubiera dado al cardiólogo y a la paciente cien miligramos de Thorazine y que llamaran al psiquiatra. (Risas en la sala). Pero ya no podemos hacer eso. Tenemos una ciencia nueva que está comenzando a explicar fenómenos como ése. Una ciencia nueva que refuerza la afirmación de Próspero, del que “Nosotros somos ese elemento del que están hechos los sueños”. Hoy, si usted habla con un buen físico, y le pregunta cuál es la verdadera naturaleza de cualquier cosa física, él le dirá que no es física. Si le pregunta cuál es la naturaleza esencial del mundo material, le dirá que no es material.
El cuerpo humano, igual que cualquier otra cosa que es material, está hecho de átomos. Los átomos son partículas que se mueven a la velocidad de la luz alrededor de enormes espacios vacíos. Y estas partículas subatómicas (las cuales tienen nombres interesantes, como Leptons y Quarks, e incluso más interesantes propiedades como encanto y capacidad de amistad), estas partículas subatómicas no son objetos materiales. Son fluctuaciones de energía e información en un enorme espacio vacío. De hecho, hay algo muy peculiar sobre estas partículas: oscilan entrando y saliendo de la existencia, dependiendo si usted las está observando o no. Antes de que usted decidiera observarlas eran fantasmas matemáticos… Y es su decisión de observarlas que las lleva y las congela en un evento tiempo-espacio que luego aparece como una partícula subatómica. Y es la colección de estas partículas subatómicas que da nacimiento a un átomo, y es la colección de estos átomos que da nacimiento al mundo material.
Pero, en su esencia, el mundo material está realmente hecho de nada. Y si usted pudiera ver el cuerpo humano con ojos de físico se daría cuenta de que el 99.999% del cuerpo humano consiste en su mayor parte de espacio vacío. Y el 0.001% que parece ser material, es también espacio vacío. En otras palabras, en general todo está hecho de nada. Vaya más allá de la fachada de moléculas, dentro de la nube subatómica, y luego vaya más allá de la nube subatómica y usted termina con las manos llenas de nada.
Entonces, la próxima pregunta es ¿qué es esta nada? ¿Es simplemente un mero vacío o podría ser el centro de la creación? ¿Podría ser que nuestro espacio interior y el espacio exterior no sean diferentes? Porque a niveles de mecánica cuántica, no hay ningún borde definido del cuerpo humano o de ninguna otra cosa. ¿Podría ser que nuestro espacio interior es el mismo que nuestro espacio exterior, y que esto es de veras el Seno de la Creación? ¿Podría ser que la naturaleza va siempre al mismo lugar para crear una galaxia de estrellas, o un grupo de nebulosas, o una selva tropical, que adonde va para crear un pensamiento?
Porque, ¿qué es un pensamiento después de todo? Un pensamiento es una fluctuación cuántica, un impulso de energía e información en el mismo vacío. Estamos tan acostumbrados a tener nuestros pensamientos, estructurados en forma de lenguaje, que probablemente todos tenemos en este idioma (con acento de la India), (risas en la sala), que nos olvidamos que éste es un universo pensante. Que este universo está vivo, es un organismo que respira, piensa, metaboliza… Y que de la misma manera que nosotros pensamos, él también piensa. Quizá no en términos estructurados en forma de lenguaje, sino a través de impulsos de energía e información que dan nacimiento a cada cosa en la Creación. Esto no es una mera especulación basada en una manera de pensar esotérica, metafísica y filosófica oriental, esto es lo que nuestra ciencia nos está diciendo.
Fue Rumi, el gran poeta sufi que vivió en el siglo X en Medio Oriente, que dijo muy elegantemente:
“No somos pensamientos. Somos algo más allá de los pensamientos.
Pensamientos son simplemente cosas que nos pasan. Más allá de la idea del bien o del mal hay un lugar.
Allí nos encontraremos.
Venimos girando desde la nada, esparciendo estrellas, como polvo.
Mira a estos mundos, girando desde la nada, ellos están dentro de tu poder”.
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Y hoy, nuestros científicos nos están diciendo que es un hecho que los pensamientos son eventos cuánticos que se transforman en eventos de tiempo-espacio, manifestándose como cosas materiales. En los últimos 10 ó 15 años ha habido una cantidad extraordinaria de investigación para validar este pensamiento entre los científicos. Hace 15 ó 20 años, los científicos descubrieron que cada vez que uno tiene un pensamiento, o experimenta una emoción, o un sentimiento, o un deseo, o un recuerdo, el cerebro convierte este impulso no material en una molécula mensajera. Cuando se descubrió por primera vez esta molécula, fue llamada neuropéptido. Neuro porque fue encontrada en el cerebro, y péptido porque era una molécula de proteína. Y ésta es la manera en que las células del sistema nervioso se comunican entre ellas, independientemente de que usted esté hablando en español, inglés swagili o cualquier otro idioma. Éste es el lenguaje de las moléculas, en el cual se transforman los pensamientos.
Consecuentemente se descubrió que en cualquier lugar en que los científicos buscaran, encontraban receptores en las paredes de las células. Los mismos neuropéptidos generados como resultado de nuestro proceso pensante. Por lo tanto, cuando uno mira a las paredes de una célula del sistema inmunológico, célula que nos protege de una infección, del cáncer, de desórdenes degenerativos, del envejecimiento, encuentra los mismos receptores que tiene el neurón.
En otras palabras, su sistema inmunológico está escuchando constantemente el diálogo interno. Alguien dentro de usted está teniendo una conversación consigo mismo todo el tiempo. En un momento trataremos de ver quién es esta persona y dónde reside, pero por el momento debemos darnos cuenta que quien quiera que sea esta persona, nunca se calla la boca. (Risas).
Esta conversación continúa estando despiertos, estando dormidos, cuando soñamos, siempre continuadamente. Y el sistema de inmunidad está escuchando. Si esta conversación es una conversación feliz, las células del sistema inmunológico también experimentan la misma emoción y sentimiento y probablemente harán un buen trabajo. Si la conversación es agitada y nerviosa, esas células también se sentirán nerviosas y pueden imaginarse la clase de trabajo que harán. Las células del sistema inmunológico no solamente están percibiendo constantemente el diálogo interno, sino que participan en la conversación. Si usted le pregunta a un buen neurobiólogo cuál es la diferencia esencial entre el sistema de inmunidad y el sistema nervioso le dirá que no hay ninguna. El sistema inmunológico es el sistema nervioso circulante. Tiene pensamientos, tiene memoria, toma decisiones, tiene un intelecto. Es un sistema nervioso circulante.
En realidad, no fue una sorpresa que cuando los científicos comenzaron a buscar en otros lugares del cuerpo humano, por ejemplo, las células del estómago, del colon, del intestino, encontraron exactamente el mismo fenómeno. Y si usted dice: “Tengo dentro, en las entrañas, un sentimiento sobre esto o aquello”, no está hablando metafóricamente, sino muy literalmente, porque su estómago y sus intestinos producen los mismos químicos que produce su cerebro cuando está pensando. Y en realidad usted puede confiar un poco más en sus entrañas, porque las células de sus intestinos no han aprendido todavía a dudar de su propio pensamiento. Lo que estamos descubriendo con esta nueva ciencia, es que el cuerpo es en realidad una mente. El cuerpo es la experiencia objetiva de la consciencia.
Tenemos un cuerpo pensante. Cuando decimos: “mi corazón está lleno de tristeza”, el corazón está cargado de químicos tristes. Cuanto la persona dice: “estoy rebosante de alegría y regocijo”, si usted mira su piel, verá que muestra altas concentraciones de Imicromin, Interleuquine e Interferon, que son poderosas drogas anticancerosas y antidepresivas. O sea, el cuerpo es la mente. El cuerpo es simplemente la experiencia objetiva de la consciencia. Y la mente es la experiencia subjetiva de la consciencia: Y ustedes y yo no somos ni el cuerpo ni la mente sino quien está creando ambas.
Internándonos hacia atrás, dentro de nosotros mismos, como dice una antigua escritura veda:
“Voy creando una vez, y otra vez y otra vez. Me interno hacia atrás dentro de mi y me experimento subjetivamente como la mente, y me experimento objetivamente como el cuerpo y el mundo de los objetos físicos; pero en realidad el mundo de los objetos físicos y el cuerpo y la mente son diferentes manifestaciones de mí mismo, de mi propio ser”.
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Y la misma antigua escritura sigue diciendo:
“Yo soy Eso, tú eres Eso, todo esto es Eso y Eso es todo lo que hay” y si ustedes entienden eso, como el aforismo sigue diciendo, no hay nada más que decir. (Risas en la sala).
La célula pensante es la asombrosa visión que nuestros científicos y neurobiólogos nos están dando. Y si el primer gran descubrimiento importante en el campo de la medicina cuerpo-mente es que usted no puede confinar la mente dentro del cerebro, el segundo gran descubrimiento es todavía más importante, porque nos dice que usted no puede confinar la mente dentro del cuerpo…
De hecho, la mente no está dentro del cuerpo, sino a la inversa, el cuerpo está en la mente, y la mente está en otra cosa, que es más abstracta, y que por el momento llamaremos espíritu.
Pero incluso a niveles fisiológicos ahora es obvio que nuestra mente individual, que es energía e información, no está restringida a nuestro cuerpo físico. Y esto es verdad no sólo en nosotros como seres humanos, sino que es verdad en todas las especies vivientes de nuestro planeta. Por ejemplo, si usted infecta aquella planta (asumiendo que es una planta real), con un virus o una bacteria, de inmediato comenzará a liberar hormonas en la atmósfera, que informarán a esta planta que está aquí: “Es mejor que usted se cuide porque yo tengo una infección”. Y en respuesta a esta información, esta planta comenzará inmediatamente a producir los antibióticos apropiados para protegerse. Porque esta planta es una expresión de inteligencia, atención y consciencia. Está viva y por lo tanto, es inteligente. Inteligencia es información y energía, que es “autodirigida”. En otras palabras, se habla e influye a su propia manifestación en respuesta a estímulos del medio ambiente.
Y esto es verdad en todas especies vivientes. Cada forma de vida, se comunica en forma similar con sus iguales. Insectos, abejas, termitas, todos se comunican en la lengua de las hormonas, que es la manifestación material de cambios de estados de conciencia.
Hay un estudio, un cruel estudio, publicado por la Universidad de Standford, en el que unos científicos le dieron choques eléctricos a un grupo de ratones. Después de un rato, los sacaron del cuarto. Luego trajeron otros ratones y tan pronto como éstos entraron al cuarto les cundió el pánico, porque inhalaron las hormonas del miedo. Y entonces ellos mismos comenzaron a liberar hormonas y así en sucesión.
Así, cuando uno dice: “Entré a ese cuarto y sentí que la atmósfera estaba tensa”, ya no está hablando metafóricamente, sino en forma literal, porque estuvo respirando hormonas de ansiedad y miedo dejadas atrás por personas que tuvieron esas experiencias. O cuando dice: “Fui a tal santuario, o iglesia, o sinagoga, y sentí paz, y amor, y compasión”, también habla literalmente, porque estuvo respirando las moléculas que expresan estos sentimientos y emociones. O cuando usted dice: “No sé qué me pasa con esta persona pero me da una sensación rara”, eso también es un hecho de la fisiología.
Fue Emerson que una vez dijo: “Quien usted es grita tan fuerte en mis oídos, que no puedo escuchar lo que usted dice”. Otro hecho más de la fisiología. O sea, nuestra mente individual ha escapado a los confines del cerebro. Ha escapado a los confines de nuestro cuerpo y nuestro universo no es nada más que la manifestación objetiva de nuestra consciencia colectiva. Nuestras mentes (incluso físicamente), nuestras mentes, nuestras conciencias, están creando todo lo que estamos viendo allí afuera.
Pensamos que allí fuera, todo está independiente de nosotros pero no es así. Independientemente de nosotros, está sólo esa radicalmente ambigua sopa cuántica, fluyendo incesantemente. Y nosotros hemos creado este universo material en el que vivimos, o en el que pensamos que vivimos. Porque como veremos en un momento, el universo no existe allí afuera, sino existe aquí dentro. El cuerpo no existe aquí afuera, sino existe en la conciencia.
Y otra vez, hay un antiguo aforismo veda, que dice:
“No estoy en el mundo, el mundo está en mí. No estoy en el cuerpo, el cuerpo está en mí.
No estoy en la mente, la mente está en mí.
El cuerpo, la mente y el mundo simplemente sucede que están mientras yo me interno hacia atrás dentro de mí y voy creando una vez, y otra vez, y otra vez…”
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Y si alguien le pregunta a usted porqué lo hace, la respuesta que se da es “porque es muy interesante”. (Risas en el público)
Iremos un poco más lejos sobre esto en un momento, pero por ahora, si reconocemos la inseparabilidad de la mente y del cuerpo, como dos expresiones de conciencia (en cada aspecto del universo, no solamente en nuestros cuerpos físicos), esta simple comprensión puede ser la diferencia crucial entre supervivencia y muerte, en la forma física.
Hace varios años, el Dr. Herbert Specter, un científico del Instituto Nacional de la Salud, hizo un experimento donde tomó ratones y les puso una inyección de un químico llamado Poly IC, que estimula el sistema de inmunidad e hizo que esos ratones olieran alcanfor al mismo tiempo. Después de cierto tiempo, cuando los ratones olían alcanfor estimulaban el sistema inmunológico. Tomó otro grupo de ratones y les dio algo llamado Ciclofosomite, que es un químico tóxico que destruye el sistema inmunológico. También hizo que los ratones olieran alcanfor al mismo tiempo. Tiempo después, cuando los ratones olían el alcanfor, destruían su sistema de inmunidad.
Ahora tenía una situación donde unos ratones, al oler alcanfor estimulaban su sistema de inmunidad y otros que al oler alcanfor, lo destruían. Si dejaba que uno de estos grupos de ratones olieran alcanfor y fueran expuestos a Numocoxides contraían pulmonía, muriendo de ella en pocos días, y si les daba carcinógenos (agentes del cáncer), contraían el cáncer y morían de eso en pocas semanas. Pero si hacía lo mismo con el otro grupo de ratones, no se enfermaban. ¿Cuál fue la diferencia crucial entre la vida y la muerte en estos dos grupos de ratones?
La diferencia crucial entre la vida y la muerte, no fue más que el recuerdo, o mejor dicho, la interpretación del recuerdo, del olor a alcanfor. Por favor, observen que la diferencia crucial entre la vida y la muerte podría ser la interpretación de un recuerdo.
Ustedes pueden preguntar si esto tiene algo que ver con nosotros. La respuesta es que ciertamente tiene que ver, porque la mayor parte de la actividad mental humana es eso: la interpretación de recuerdos pasados. Se ha calculado que el ser humano promedio piensa 60.000 pensamientos al día. Esto no es sorprendente. Lo que es desconcertante es que alrededor del 90% de los pensamientos que usted tiene hoy, son los mismos que tuvo ayer.
Así nos convertimos en un atado de reflejos condicionados que constantemente están siendo estimulados por personas y circunstancias, hacia el mismo predecible resultado. Nos convertimos en víctimas de viejas repeticiones de recuerdos gastados: y la ironía, por supuesto, es que lo que me atormenta hoy, soy yo mismo, o mejor dicho, la parte mía que quedó de ayer.
La pregunta es: Si es verdaderamente cierto que estoy creando un nuevo cuerpo cada año, ¿por qué parece el mismo?. Si es realmente cierto que mi esqueleto se reemplaza cada tres meses, como los estudios de radioisótopos nos han hecho creer ¿por qué la artritis está allí todavía?. Si es verdaderamente cierto que las arterias se reemplazan cada seis u ocho semanas, ¿por qué todavía están bloqueadas? Si es realmente cierto que las células del cáncer vienen y van en un abrir y cerrar de ojos, ¿por qué todavía están allí?. Y parece ser que la respuesta a estas preguntas es que a través de reflejos o reacciones condicionadas, a través del condicionamiento debido a la prisión de la memoria, volvemos a generar los mismos eventos cuánticos, los mismos impulsos de energía e información, los mismos pensamientos, sentimientos, emociones y deseos que dan lugar a las mismas manifestaciones bioquímicas, los mismos esquemas de comportamiento, los mismos hábitos y en definitiva, las mismas experiencias en la vida.
Si realmente queremos crear un nuevo cuerpo, entonces tenemos que salirnos del río del condicionamiento. La literatura veda, en la cual la mayor parte o todo el Ayurveda se basa, igual que otras tradiciones espirituales, llama al estado de condicionamiento, estado de ignorancia. El estado de ignorancia donde somos víctimas de recuerdos y de reflejos condicionados.
La afirmación de los sabios vedantas de hace miles de años, resuena hasta hoy en día. Y el vidente dice: “Uso mis recuerdos y memorias, pero no permito que ellos me usen a mí”.
Hay un antiguo escrito de la literatura vedanta antigua, llamado Los Sutras de Shiva El dios Shiva, en la literatura veda, está considerado el primer yogui. Él expuso en esta sabiduría, hace miles de años:
“Si usted realmente desea crear un nuevo cuerpo, salga del río del condicionamiento y mire al mundo como si fuera la primera vez. No por sus etiquetas, no a través de definiciones, no a través de descripciones, no a través de evaluaciones o análisis. En suma logre deshacerse del estorbo del juicio y vea el mundo con los ojos de la inocencia, con los ojos de un niño. Y entonces, quizá, usted pueda estar listo para crear un nuevo cuerpo”.
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En Los Sutras de Shiva, dice: “Observe un objeto común, una flor o cualquier otra cosa, y mírelo como si fuera por primera vez”.
Volveremos a esto en un momentito pero quiero exponer un poco más sobre nuestra ciencia actual, que nos da el mismo punto de vista que la sabiduría, en cada tradición en el mundo, siempre ha dado.
Hace unos años, apareció un estudio en la publicación Science de la Universidad del Estado de Ohio, en el cual científicos estaban estudiando el metabolismo del colesterol en conejos. Tomaron algunos conejos, y los estuvieron alimentando con comida extremadamente alta en colesterol. Y para su sorpresa, encontraron que un grupo de conejos no tuvo el alto nivel de colesterol o endurecimiento de las arterias que se esperaba.
Después de mucha investigación, descubrieron que la única diferencia entre estos conejos y todos los demás que tuvieron los altos niveles de colesterol y endurecimiento de las arterias, fue que los técnicos de laboratorio que los alimentaban, en lugar de simplemente ponerle la comida, los mimaban, jugueteaban, los besaban y luego los alimentaban con la misma comida venenosa.
Como resultado de esa experiencia de amor (y si a ustedes no les gusta la palabra amor, pueden llamarlo flujo de información), estos conejos segregaron un diferente grupo de neuropéptidos que procesaron el colesterol por un camino metabólico completamente diferente, haciendo otra vez la diferencia crucial entre la vida y la muerte, en lo que se conoce como el asesino nº 1 de nuestro tiempo, que son las enfermedades del corazón. Entonces vemos muy claro el flujo de la conciencia influyendo en lo que lamamos bioquímica. Y no a la inversa.
Muy recientemente, aquí en la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami, se publicó un estudio sobre criaturas prematuras nacidas a los 7 meses. Los investigadores dividieron las criaturas en dos grupos. En un grupo, hicieron pequeños agujeros en las cunas por donde los investigadores metían las manos acariciaban a los bebes, 3 veces al día, aproximadamente 5 minutos. Por supuesto que no lo llamaban acariciar, sino estimulación tacto-kinestésica, por 5 minutos, tres veces al día. Tuvieron un promedio de 49% más peso, habiendo sido alimentados exactamente con la misma fórmula. Esto llevó a los investigadores a la conclusión de que a estimulación tacto-kinestésica es una estrategia muy efectiva en los costos, ahorrando 3.000 dólares por cada alumbramiento, por la manera rápida en que los bebes aumentan de peso.
Se sabe ahora que si amorosamente se les toca y se les da cariño, comienzan a segregar hormonas y factores de crecimiento, otras hormonas anabólicas que de hecho hacen la diferencia entre creación y destrucción en el cuerpo humano, o en el cuerpo de cualquier otra especie viviente. Pueden estar seguros que el Seguro Médico Cruz Azul y los hospitales, pronto tendrán una tarifa para el procedimiento. (Risas en el público)
Y finalmente deseo mencionar otro interesante estudio, que viene de Massachussets, del Departamento de Educación para la Salud y Bienestar. Es un estudio reciente buscando el factor de riesgo para ataques fatales al corazón. Y ustedes preguntarán por qué lo estaban buscando cuando todos sabemos cuáles son: tabaco, hipertensión, diabetes, colesterol, etc. El hecho es que hoy, las estadísticas revelan que la mayoría de las personas que sufren un ataque fatal al corazón no presentan los factores de riesgo que todos conocemos. En realidad, en este estudio en particular, que ha sido duplicado en otros lados, el riesgo más significativo o elemento nº1 para predecir un ataque fatal al corazón, se encontró inicialmente que era lo que se describió como “insatisfacción en el trabajo”, y más precisamente, falta de significado o propósito en la vida.
Otra vez, hay un concepto en las antiguas escrituras vedantas. El concepto es llamado Dharma. Dharma quiere decir propósito en la vida. Los escritos antiguos dicen que venimos a este planeta con un propósito específico. Y que ese propósito tiene tres componentes:
• El primero es descubrirse a uno mismo o a Dios, lo que es la misma cosa.
• El segundo es servir a la humanidad y al prójimo, al ser humano.
• El tercero es manifestar su talento único. Sigue diciendo que cada uno que existe en este planeta, tiene un talento único, que nadie más tiene. Y usted sabe que está manifestando su talento único cuando pierde la noción del tiempo.
A menos que cumplamos el propósito de nuestro Dharma, nos sentiremos insatisfechos, irrealizados, y la vida no tendrá sentido.
Como segundo factor que predice un ataque fatal al corazón, fue señalada la apreciación del propio grado de felicidad. Si una persona piensa que es feliz o no. Más recientes estudios científicos han revelado que lo que crea la base para el ataque cardíaco fatal no es solamente la falta de felicidad, sino en realidad otras cosas que están presentes en la psicología de pacientes propensos al ataque al corazón:
1- Sentir crítica desconfianza hacia otras personas.
2- Tener una hostilidad incontrolada.
3- Tener frecuentes ataques de ira.
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Básicamente, se puede ir a la calle y hacer a la gente tres preguntas:
1°- ¿Tiene su vida un propósito o significado?
2°- ¿Es usted feliz?
3°- ¿Confía usted en la gente?
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Y si la respuesta es sí a las tres, lo más probable es que la persona va a estar bien.
Una de las sorprendentes estadísticas que surge de estudios como éste, que han sido duplicados en Europa y otros lugares, es que en nuestra cultura, en nuestra civilización, hay un día en la semana en el que mueren más personas de un ataque cardíaco. Estoy seguro de que ustedes saben que día es. Es el lunes, y estoy seguro que ustedes pueden predecir también la hora. En nuestra civilización, a las nueve de la mañana del lunes, mueren más personas de ataque al corazón que en ningún otro momento. Es un logro sorprendente, extraordinario y único por el cual sólo la especie humana puede tener crédito. Probablemente ningún otro animal conoce la diferencia entre lunes y martes. (Risas en el público)
Y así estoy tomando bastante tiempo, simplemente para hacer claro un solo punto: este cuerpo parece ser material, pero en realidad está hecho de un campo de ideas. Este universo, que también da la apariencia de ser material, de igual manera, está estructurado del mismo campo de ideas. Pero antes de ver quién está teniendo estas ideas, déjenme hablarles de lo que es el tiempo. Si uno le pregunta a los físicos si alguien alguna vez pudo mostrar la existencia del flujo del tiempo, nos dirán que nadie puedo nunca demostrar que hay tal cosa como “flujo de tiempo”. De hecho, el tiempo es para los físicos una forma de medir el espacio, al igual que el espacio es una manera de medir el tiempo. Y así, usan la expresión “continuidad espacio tiempo” para describir la realidad esencial.
Nosotros, como individuos, no experimentamos el flujo del tiempo. Lo que experimentamos es el flujo de los eventos, de los acontecimientos. Y los eventos son experimentados a través de los sentidos, que como vimos antes, son muy poco confiables para darnos un cuadro acertado del mundo. En realidad, el tiempo no es nada más que la manera que tiene la naturaleza de prevenir que tengamos todas las experiencias al mismo tiempo, de una sola vez, lo cual en realidad, es la forma en que está ocurriendo. Nosotros no experimentamos el tiempo, sino el flujo de los acontecimientos, y la manera como medimos nuestras experiencias en nuestra conciencia, nos da una experiencia personal del tiempo.
Enseguida veremos dónde se fabrica el tiempo. Porque cómo se experimenta el tiempo, entre otras cosas, influirá en cómo el tiempo envejece. Porque el cuerpo es la expresión del metabolismo de la experiencia del tiempo.
Para darles solamente unos pocos ejemplos de cómo es el tiempo personal, hace unos años tomé un avión desde Londres a Boston, y encontré a un viejo amigo mío. Y pasamos un rato tan bueno, que el tiempo voló. Cuando llegamos ni experimentamos el cansancio de vuelo por la diferencia de hora. Los llamados ciclos de actividad y descanso, que nuestro reloj biológico orquestó como nuestros propios biorritmos, fueron modificados y como resultado, el tiempo voló.
Y puede ser que ustedes conozcan personas, cerca de ustedes, en quienes el diálogo interno constantemente expresa la actitud: “No tengo tiempo”. Ven el mismo reloj que vemos nosotros, pero para ellos, se mueve mucho más rápido. Si uno examina a una persona como ésta, se encuentra que ha acelerado su reloj biológico. Su corazón late más rápido, su sangre tiene plaquetas agitadas y nerviosas, con altos niveles de adrenalina: son plaquetas asustadas, amedrentadas, que se arremolinan frenéticamente como espantadas. Tienen también altos niveles de gluquegon, de insulina, de cortisol y toda clase de hormonas provocadas por el estrés. Y cuando esta gente cae muerta repentinamente debido a un prematuro ataque cardíaco, lo que le pasó es que “No tuvo más tiempo”.
Y quizá ustedes conocen a otras personas que parecen reflejar la idea: “Tengo todo el tiempo del mundo”. Y ustedes encuentran que tienen una diferente expresión de su reloj biológico. Y de vez en cuando, nosotros tenemos la experiencia. Quizá uno estaba enamorado o quizá caminando en la playa, o quizá estábamos observando las estrellas, o quizá estábamos escuchando una música extraordinaria, o quizá estábamos leyendo poesía, o quizá estábamos orando, o estábamos en el silencio de la meditación… y entonces suavemente, nos deslizamos fuera de la conciencia limitada por el tiempo.
Es cuando la persona dice: “La belleza de la montaña era tan impresionante, que el tiempo se detuvo”.
¿Qué es esa experiencia cuando el tiempo se detiene? Es la experiencia de la unidad de conciencia. Unidad de conciencia es ese estado cuando el observador y lo observado se unifican en una experiencia de “Ser uno con el Todo”, cuando el paisaje y el que lo está mirando se convierten en uno, donde el que experimenta y el objeto de la experiencia dejan de estar separados.
La unidad de conciencia es en realidad, el verdadero significado del amor. La mayoría de las personas confunden el amor con un mero sentimiento o emoción, pero las Escrituras nos dicen que el amor es más que un simple sentimiento o emoción. Es el conocimiento por experiencia, en una parte profunda dentro de nosotros, que ustedes y yo no sólo estamos hechos de la misma cosa, sino que compartimos el mismo ser, bajo distintas apariencias.
Y cuando tenemos ese conocimiento en lo profundo de nosotros, entonces los pensamientos se detienen, porque el pensamiento no es nada más que el movimiento de la conciencia que separa el observador de lo observado, que crea la distinción entre uno y lo demás, que separa el paisaje del espectador. Es el pensamiento el que fabrica el tiempo. Es el pensamiento que se manifiesta como aliento. Es el pensamiento el que produce el cuerpo. Y es el pensamiento el que engendra el universo. Y cuando el pensamiento se detiene, en el silencio, no hay tiempo. Hay un aforismo bíblico que dice: “Aquiétate, y nota que Yo soy Dios”. Y esa es la experiencia de lo trascendente, cuando ustedes van más allá de la idea del bien y del mal, y se experimentan como realmente son.
Espacio-tiempo, materia-energía, el cuerpo físico y el universo, se engendran cuando la conciencia se mueve dentro de sí, para crear la infinita diversidad de formas y fenómenos que llamamos el cuerpo físico y otros cuerpos. Todo ello es simplemente un movimiento de la conciencia. Entonces, si el tiempo y el espacio, la materia y la energía, y todos los objetos físicos, se engendran a través de campos de ideas, obviamente, la próxima pregunta es: ¿Quién está teniendo estas ideas? ¿Quién es esta persona que está teniendo estas ideas?
Si usted lee el reciente libro de Stephen Hawking, una Breve Historia del Tiempo, y lee la introducción por Carl Sagan, encontrará una extraordinaria afirmación, que dice: “Stephen Hawking se ha propuesto entender la mente de Dios”.
Que yo sepa, hubo solamente otro científico que fue lo suficiente audaz para expresar algo similar, y fue Albert Einstein, quien dijo: “Deseo conocer los pensamientos de Dios, los demás son detalles”.
Y habiéndose propuesto entender la mente de Dios, Hawking declara: “Vivimos en un universo que no tiene principio en el tiempo, que no tiene fin en el tiempo, que no tienen bordes exteriores en el espacio”.
Traten de conceptuar, imaginar o visualizar eso. ¿Cómo se puede imaginar algo sin un comienzo? En el momento que ustedes tratan de llegar a un acuerdo y digan “a lo mejor sí hubo un comienzo”, entonces el dilema inmediato es: si hay un fin ¿qué hay después del fin? Si usted cree que hay bordes exteriores en el espacio, entonces el dilema inmediato es: ¿qué hay allá, después del borde más lejano?
Entonces, la física cuántica no sólo es más extraña de lo que pensamos que es, sino más extraña de lo que podamos pensar. Sus matemáticas son tan elegantes que nos dan toda la tecnología que hoy damos por sentado. Hoy en día, si usted puede usar una máquina de fax, o hablar por teléfono, o mirar un programa por televisión, o hacer muchas otras cosas que hoy aceptamos como normal, toda esta maravillosa tecnología está basada en el derrocamiento de la superstición del materialismo.
Porque la física cuántica tiene como principio básico que la naturaleza esencial del mundo material no es material: que un átomo no es una entidad sólida sino una jerarquía de estados de información y energía en un enorme vacío; que la materia esencial del universo, es “no materia”. Pero lo que los científicos están descubriendo es que esta “no materia” es una “no materia” pensante. Y no solamente es pensante, es tal vez quienes ustedes y yo somos en nuestro estado esencial.
Y así, en cada tradición, en cada religión, en cada una de las tradiciones espirituales del mundo, ha existido esta idea: que más allá de la mente y del cuerpo, más allá del pensamiento, está el pensador. Más allá de la idea está algo o alguien que genera la idea. La gente lo ha llamado de diferentes maneras: fuerza animadora que da vida o expresión a la vida, o alma, o espíritu o de la manera que ustedes deseen llamarlo. Éste es el que está creando las ideas, y el que está generando las experiencias. Es el experimentador, no la experiencia.
Por supuesto, si uno va a un científico y le dice que hay algo como el alma o el espíritu, la respuesta inmediata ha sido y será: “si hay un alma o un espíritu, por favor muéstreme donde está”.
De hecho, en el último siglo los científicos hacían tontos experimentos, como pesar una persona justo antes de morir y volverla a pesar inmediatamente después de la muerte, para ver si algo se fue. Y como normalmente no se encontraba la diferencia en el peso, arribaban a una razonablemente buena especulación científica: “Sea lo que sea lo que constituye el verdadero yo, quizá podamos decir por lo menos una cosa al respecto con una razonable certeza científica: probablemente no pesa nada”. (Risas en el público).
En nuestro siglo otro gran científico de nombre Wilder Penfield, neuroaxiólogo, neurocientífico y neurocirujano, que vivió en Montreal, estaba muy intrigado por la idea del alma o el espíritu, o del pensador del pensamiento, el generador de las ideas. Y estando el doctor Penfield operando a los pacientes, haciendo cirugía nerviosa bajo anestesia local (que es algo que se puede hacer porque el cerebro, aunque percibe el dolor del resto del cuerpo, no tiene en él mismo fibras de dolor), haciendo cirugía nerviosa, tomaba un pequeño electrodo y estimulaba eléctricamente diferentes partes del cerebro, para ver qué pasaba en el cuerpo.
De hecho, la razón por la cual el Dr. Penfield ganó el Premio Nobel, fue porque pudo hacer el mapa de cómo el cerebro controla el cuerpo. Y uno de sus experimentos más famosos fue uno en el cual, mientras estaba estimulando cierta parte del cerebro, conocida como corteza motora cerebral, el brazo del paciente comenzó a moverse hacia arriba. Le preguntó al paciente qué estaba pasando y el paciente dijo: “Mi brazo se está moviendo hacia arriba”. El doctor Penfield le preguntó cuidadosamente: “¿Usted está moviendo su brazo?”. La respuesta fue: “No mi brazo se está moviendo hacia arriba”.
Ahora el Dr. Penfield hizo algo muy inteligente, le dijo al paciente: “En lugar de permitirle a su brazo moverse hacia arriba, ¿por qué no hace la elección de moverlo en otra dirección?” Y el paciente así lo hizo.
En lugar de permitir al brazo moverse hacia arriba hizo la elección y lo movió horizontalmente. El Dr. Penfield estaba muy intrigado. ¿Dónde estaba la persona que hizo esta elección?. ¿Dónde estaba esa persona que decidió no permitir al brazo moverse hacia arriba y, a pesar de que el cerebro estaba siendo estimulado, decidió moverlo en una dirección diferente?
Y con los instrumentos y los elementos de ese tiempo, hace treinta años, buscó dentro del cerebro al que toma las decisiones, al generador de ideas, y no lo pudo encontrar. Pudo encontrar en el cerebro eso que ejecuta las decisiones una vez que la persona las ha hecho pero el doctor Penfield no pudo localizar dónde estaba la persona que estaba tomando las decisiones.
Hoy treinta años más tarde, con tecnología mucho más sofisticada (tenemos elementos como la resonancia nucleomagnética, y radiografía seccional utilizando emisión de positrones), es posible medir los efectos del parpadeo de una intención, microsegundos después que fue hecha. Pero no obstante cuán elegantemente, o con qué sofisticada instrumentación se busque dentro del cerebro, uno no encontrará a aquel que genera las intenciones, las ideas, las decisiones. Uno solamente encontrará en el cerebro eso que ejecutaba las decisiones una vez que han sido hechas.
Por ejemplo, si en este momento tomo la decisión de sacar un pañuelo, o beber este vaso de agua, o salir y hacer una llamada telefónica, ustedes no van a encontrar el yo que está tomando estas decisiones dentro de este cuerpo o de este cerebro. Ustedes solamente encontrarán eso que pone en práctica las órdenes, una vez que yo, el que ordena, las he dado. ¿Por qué será que ustedes no pueden encontrarme dentro de mi cuerpo o de mi cerebro? La respuesta es extremadamente sencilla: yo no estoy allí. Ustedes no me encontrarán dentro de mi cuerpo, porque no es allí donde yo estoy.
El cuerpo es un instrumento. El sistema nervioso es un instrumento que yo uso para tener experiencias en el tiempo-espacio. Imaginemos por un momento que están escuchando una sinfonía de Beethoven en la radio y en su curiosidad desarman la radio, tratando de encontrar a Beethoven dentro. No lo van a encontrar, porque no está ahí. Recuerdo que cuando era niño, al escuchar la radio, creía que había pequeñas personas dentro. O al mirar la televisión, pensaba que había pequeñas personas dentro del aparato. De la misma manera que esa sinfonía, que no está dentro de la radio, (la radio es sólo el instrumento que atrapa la sinfonía y nos da la experiencia), la sinfonía esta en algún otro lugar.
Por lo tanto, si yo no estoy en mi cuerpo y si ustedes no están en sus cuerpos, la pregunta es: ¿dónde estamos?
La respuesta es que la pregunta está equivocada. Esta equivocada, porque tan pronto como decimos “dónde” implicamos una ubicación en el espacio, para algo que no ocupa lugar; implicamos una duración en tiempo, para algo que no existe en el tiempo. Decir “dónde estamos” es localizar algo que es omnipresente, y omnisciente, y omnipotente, que no ocupa espacio y que no existe en el tiempo.
Totalmente sin espacio, completamente sin dimensión y sin tiempo, ES, sin embargo, el pensador del pensamiento. Este USTED, abstracto, sin espacio sin dimensión, sin tiempo, es el que está teniendo las ideas. Y es a lo que se ha llamado espíritu.
El espíritu ha sido una fuerza misteriosa, abstracta e incomprensible. Sin embargo, las personas que han tenido su experiencia reconocen que es una fuerza real. El tiempo y la gravedad son también fuerzas abstractas y misteriosas, de las cuales aceptamos ahora su realidad, en esencia.
Y así es el espíritu, abstracto, sin espacio ni dimensión. Pero es real. Es la “no materia” pensante, que se localiza en experiencias de percepción que están ligadas al tiempo y al espacio.
Y citando otra vez a Rumi, el gran poeta sufi dice:
“Tú eres el espíritu incondicional, atrapado en lo condicional, como el sol en el eclipse”.
Hace unos pocos años tuve una joven paciente, de alrededor de 28 años de edad, que un día estaba reparando una antena en el techo de un vecino y por accidente tocó un cable que creyó desconectado, pero que tenía 12.000 voltios de electricidad. En cuando lo tocó se electrocutó y murió clínicamente. El mecanismo de la muerte en estos casos es que la corriente pasa a través del cuerpo, particularmente a través del corazón, y causa una muerte eléctrica a través del fenómeno conocido como fibrilación ventricular.
Cuando lo conocí, le pregunté: “¿Qué te pasó, Bob?”. Y me contestó: “Dios me llamó, pero enseguida cambió de idea”.
Le pregunté que le pareció. Dijo: “Qué alegría… éxtasis. Fue todo bienaventuranza”.
La próxima pregunta fue: “¿Estabas consciente?”. Dijo: “Por supuesto que estaba consciente. Si algo era yo, era consciencia, era agradecimiento. Estaba vivo…”
Le dije: “¿Consciente de algo en particular?”. Pensó un momento y dijo: “No en el comienzo. De nada en particular, pero de todo en general”.
Esta “consciencia de todo en general” es lo que es el espíritu. Porque cuando éste se vuelve consciente de algo en particular, se está experimentando como la mente, y ya no como el espíritu. Cuando se localiza como el campo de información y energía, se vuelve algo en particular. Antes de ello, es todo en general, omnipresente, omnisciente.
Una cosa muy extraordinaria le pasó a este joven. Él dice que estaba tan sobrecogido de gratitud por haber experimentado el conocimiento de su propio espíritu, por haber conocido la experiencia de la inmortalidad, que simplemente pensando en lo que había pasado podía deslizarse otra vez dentro del mismo lugar. La corriente salió por su pierna, quemándola profundamente (con quemaduras en tercer grado), y por supuesto como resultado, agudísimos dolores. Pero al pensar en lo que le pasó, su experiencia generaba tal sentimiento de gratitud, que podía volver a entrar al mismo lugar. Y en cuanto entraba, el dolor desaparecía. Porque dolor es algo en particular. Cuando estaba en este lugar donde todo es en general y nada en particular, obviamente, no había dolor. Dolor es una experiencia en espacio y tiempo, tiene intensidad, tiene duración, está localizada en un lugar.
Algo incluso más extraordinario le pasó a este joven: no sólo aprendió a ir a tal lugar, el cual es el Seno de la Creación, sino que aprendió, como un científico, a experimentar en tal lugar. Desarrolló la extraordinaria habilidad de tener conciencia local y no local, al mismo tiempo. Conciencia local es cuando la consciencia, que es su atención, está localizada en el objeto de su experiencia. Por ejemplo, en este momento, espero que sus consciencias estén localizadas en este evento de tiempo-espacio, que está parado en frente a ustedes (que ustedes han instantáneamente materializado), para recordarles algo que ustedes ya saben. Esto es conciencia localizada o local.
Pero, ¿quién está teniendo esta conciencia localizada?
Aunque ustedes localicen su atención en mí… y me escuchen a mí… por favor vuelvan su atención hacia el que está escuchando.
Mientras ustedes me están viendo a mí… vuelvan su atención hacia el que está mirando.
Mientras ustedes están leyendo estas palabras… vuelvan su atención hacia el que está leyendo.
Y ustedes verán que hay una presencia allí. Esa presencia ha estado siempre allí. Esa presencia estaba allí en su niñez, estaba allí en su adolescencia y está allí ahora. Pero nuestra atención está tan atrapada con los objetos que percibimos, que nunca va a la fuente de nuestra percepción, la fuente de la atención. Esa presencia es ese espíritu. Es eterno, es infinito, es “no localizado”.
Pero simultáneamente “conciencia localizada”, y “conciencia no localizada”, es tener la conciencia de la eternidad en el campo del tiempo. Es llevar la conciencia de la inmortalidad dentro del campo de la mortalidad. Es tener la apreciación clara del papel que ustedes y yo estamos desempeñando. En este momento, yo estoy haciendo un papel, es el papel de conferenciante, de escritor, de doctor, o como quieran llamarlo. Esta tarde quizá haga otro papel, mañana por la mañana podré hacer el papel de padre. Quizá después de eso haga una llamada a la India y haga el papel de hijo, etc. Pero yo no soy los papeles que estoy desempeñando. Es un testigo alerta que uno está desempeñando, es estar llevando la conciencia del espíritu al campo de la materia. También ha sido llamado en varias tradiciones, la experiencia de la Consciencia Cósmica. Es una conciencia de “todo en general al mismo tiempo”, y simultáneamente, cualquier cosa en particular.
Así de extraordinaria fue en este muchacho la habilidad de tener en forma simultánea conciencia local y no local todo el tiempo, que curó su pierna, y le creció nueva fibra muscular y nuevas arterias. Finalmente, el invierno pasado se fue a esquiar con esa pierna que se supone debió haber sido amputada. Todo porque él fue a ese Lugar, que es el Seno de la Creación, desde donde la naturaleza produce todo, incluyendo estrellas, galaxias, grupos de nebulosas, bosques tropicales, cuerpos humanos, y pensamientos.
El punto de entrada a esta consciencia espiritual no está en nuestra mente, porque la mente es ya un campo de información y energía. El corredor hacia este lugar está en los espacios silenciosos entre nuestros pensamientos. Porque yo no soy mis pensamientos, yo soy quien está teniendo los pensamientos, y el lugar donde genero estos pensamientos está en los espacios silenciosos entre mis pensamientos.
Así por ejemplo, si hago de nuevo la afirmación, voy a tomar la pluma, o a sacar un pañuelo, o a tomar un vaso de agua, o a hacer una llamada telefónica, o a decirles un cumplido, entre esta idea y la próxima idea, soy yo en el espacio entre ideas, el que está teniendo las ideas.
El espacio entre las ideas, el espacio entre pensamientos, es literalmente donde está el elector infinito, porque entre esta idea y esta idea, puedo decidir entre una infinidad de ideas. Este pequeño espacio de quietud entre las ideas, es donde está el coreógrafo. En este momento, mientras voy vocalizando mis pensamientos como este discurso, estoy yo, orquestando el desenvolvimiento de esas ideas en cierta secuencia.
Porque estas mismas palabras, si no estuvieran en el orden en que están, no tendrían sentido. Sería simplemente una ensalada de palabras. Pero la razón por la que tienen sentido (espero que lo tengan), es porque hay un yo, que está orquestando un desarrollo ordenado de estas palabras, de estos pensamientos. Eso es en ese espacio. Ese espacio es la ventana, el corredor, el vértice de transformación a través del cual la psiquis individual, comunica con la Psiquis Cósmica… con el Ser Cósmico. Esto es la base de lo que he llamado Curación Cuántica, que está basada en los aforismos antiguos, presentes en cada tradición espiritual.
Una antigua escritura veda dice:
“Como es el átomo, así es el Universo.
Como es el microcosmos, así es el Macrocosmos.
Como es el cuerpo humano, así es el Cuerpo Cósmico.
Como es la mente humana, así es la Mente Cósmica”.
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Me siento completamente cómodo hablando de la Mente Cósmica a esta audiencia, porque ésta es una Iglesia Unida, pero cuando voy a un congreso científico o a una escuela de medicina y uso las palabras Mente Cósmica, la gente reacciona de forma clara. Por lo tanto, normalmente no la llamo así, si no: un campo no localizado de información, con lazos cibernéticos de autorreferencia. Y la gente se siente muy cómoda con eso. (Risas en el público)
En los silenciosos espacios que separan nuestros pensamientos, están representados recuerdos holográficos de nuestras propias experiencias. Cada aspecto de experiencia que vino a nosotros, lo hemos metabolizado en ese espacio y después proyectado, primero como una molécula que llamamos cuerpo, y segundo como nuestra experiencia del mundo. La única razón por la que ustedes y yo parecemos ser diferentes, es que hemos metabolizado experiencias diferentes. Hemos caminado a través de diferentes jardines, nos hemos arrodillado en diferentes tumbas, hemos escuchado diferentes canciones y hemos conocido diferente gente. Y hemos tomado cada uno de estos recuerdos, los hemos metabolizado y proyectado en nuestro propio cuerpo y luego en nuestra propia experiencia del mundo.
La ciencia corriente nos dice que, ubicadas en sus células, está el recuerdo de cada experiencia que usted pueda haber tenido desde siempre. Incluso la ciencia está comenzando a aceptar que tenemos recuerdos, no solamente de nuestra niñez, sino de nuestras experiencias intrauterinas. Que el feto de un niño tuvo experiencias antes de nacer y que puede, de hecho, recordar esas experiencias. Si la madre está experimentando mucho estrés, y está generando hormonas de estrés, y uno da un portazo al mismo tiempo, el feto, que está sintiendo angustia en ese momento (debido al aumento de adrenalina y de la aceleración de los latidos), asociará el sonido del golpe de la puerta con esa experiencia. Y mucho después del nacimiento, incluso cuando adulto, si uno produce un sonido similar al golpe de aquella puerta, sus latidos aumentarán, y comenzará a embargarlo la ansiedad, porque tiene un recuerdo dentro, profundo, que va hasta su vida intrauterina.
Ahora la ciencia nos dice que comenzamos a responder a experiencias auditivas y sonidos desde el momento de la concepción. El sonido se convierte en el primer estímulo de la conciencia en el niño antes de nacer. La conciencia llega primero en la forma de sonido. El sonido ha sido usado en cada tradición espiritual para evocar las respuestas curativas. Pero tiene que ser un sonido sagrado, y la palabra “enchant” (encantar), proviene de la palabra “en” (volverse uno) y de la palabra “chant” (canto), o sea “volverse uno a través del canto”. El “chant” (canto), es el sonido primordial de la Divinidad.
Esa es la razón por la cual en todas las oraciones se dice: “Santificado sea tu nombre”, o en el Nuevo Testamento se puede leer a los centuriones romanos diciéndole a Cristo: “Señor, no soy digno de que vengas bajo mi techo, pero di la palabra y mi alma será sana”.
El sonido se convierte en el impulso primordial, a través del cual la información se programa en nuestra fisiología. Nosotros metabolizamos esas experiencias y los pensamientos no son nada más que sonidos en nuestras conciencias. Nosotros oímos nuestros pensamientos. Oímos nuestros pensamientos. Y así, la ciencia está comenzando a aceptar que las experiencias van hacia atrás, hasta el momento de la concepción. La ciencia védica de donde el Ayurveda proviene, dice:
“Si uno realmente hubiese sabido quién era, no se hubiera comprimido en el volumen del cuerpo, o en la duración de una vida”.
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Estas experiencias van atrás, incluso más atrás del momento de la concepción, expandiéndose por eones de tiempo.
Estuve hace pocos años, con un buen amigo, el doctor Wayne Dyer, un psicólogo de Florida, y estaba explicándole la experiencia holográfica del sonido, que en un momento les explicaré a ustedes. Mientras le explicaba, le pregunté si realmente entendía cómo los recuerdos están estructurados como hologramas en nuestro cuerpo, y me dijo: “Por supuesto que lo entiendo, yo me acuerdo del día de mi concepción”. Le pregunté: “¿Te acuerdas?” Y me dijo: “Sí, fui a aquel picnic con mi papá y volví con mi mamá”. (Risas)
Vayan un poco más allá de eso, y puede que topen con quienes ustedes realmente son.
Pienso que hoy en día, cada uno de nosotros está bastante familiarizado con lo que es un holograma. Un holograma es una proyección tridimensional de un objeto. Viviendo en Florida pienso que habrán visto cantidad de ellos. En Disneyworld estas cosas tridimensionales parecen gente real. Pero si ustedes no las han visto, pueden ver una en su tarjeta mastercard o visa. Un holograma es una proyección tridimensional de un objeto. Y la manera como un holograma se hace es que uno toma un rayo de luz láser (la luz de láser tiene una sola frecuencia), y la pasa a través de un instrumento Divisor de Rayo de Luz que separa un rayo de luz.
Uno de los rayos es llamado rayo de objeto, porque va al objeto. El rayo golpea contra el objeto y se dispersa en todas las direcciones. El otro rayo rebota de un espejo y entra en interferencia con la luz dispersa que chocó contra el objeto. Esto crea un patrón de interferencia que puede ser grabado en una placa fotográfica, y que puede ser revelado. Pero antes de revelarlo, e incluso después, si uno lo examina parece un dibujo de líneas onduladas, nada mágico en él. Pero entonces la magia comienza. Se toma esa pequeña placa fotográfica y pasando un rayo láser a través de ella se obtiene una proyección tridimensional del original. Y si está bien hecha, uno no puede ver la diferencia entre el holograma y el original. En realidad lo que el reverendo Cameron no les dijo, es que esta mañana estuve aquí, pero ésta tarde mandé mi holograma.
Solamente cuando se trata de tocarlo, es que uno se da cuenta de que no hay nada allí. Es un fantasma. ¿El fantasma de qué? El fantasma de un recuerdo. El otro día cuando estuve meditando tuve la idea de que pronto tendremos la tecnología, no sólo de hacer hologramas perfectos de nosotros mismos, si no puede ser que podamos enviarlos por fax a diferentes lugares al mismo tiempo. Hay algo realmente mágico sobre el holograma. Si uno toma el holograma y con un par de tijeras lo corta en un millón de pedacitos, o en un billón, o en un trillón, y toma el pedacito más pequeño de todos y pone el rayo láser a través de él, uno obtiene el objeto en el holograma todo completo otra vez.
En otras palabras, uno no puede destruir un holograma. Es inmortal. Uno no puede eliminarlo, porque cada pedacito de él, lo contiene en su totalidad. Esa es la razón por la que es llamado holograma. Está todo entero en cada trocito de sí mismo.
Recuerdo a William Blake, el poeta, cuando decía: “Sostiene la eternidad en la palma de tu mano, y ve el universo entero en un grano de arena”.
Un sutra védico, menciona algo similar y dice: “En el cielo de India hay un grupo de perlas, tan perfecto, que eligiendo una perla cualquiera, uno verá todas las demás”. Entonces el sutra continúa: “Ésta es todas las demás”. Una descripción holográfica del universo.
Ahora los científicos nos dicen que nuestros cuerpos son hologramas de información, energía y memoria. Que cada trocito de nuestro cuerpo contiene no sólo nuestras experiencias individuales, que cada uno hemos metabolizado, si no las experiencias de las razas, las experiencias de las especies, las experiencias de todo lo demás que existe en la Creación. Las experiencias de la mecánica de la Creación del universo entero. Curación es la restauración de este recuerdo de “Ser uno con el Todo”.
Curación es algo que nos lleva más allá de la experiencia, hacia el experimentador que está teniendo la experiencia. Porque el experimentador es el factor sin tiempo en cada experiencia ligada al tiempo. Las experiencias están ligadas al tiempo. Tienen un comienzo, tienen un medio y tienen un final. Como esta charla es una experiencia que comenzó, tiene un medio, y muy pronto tendrá un final. Pero el experimentador sigue allí. Es el factor sin tiempo en cada experiencia. Si podemos mover nuestra atención desde la experiencia hacia el experimentador, entonces encontramos el factor sin tiempo en cada experiencia ligada al tiempo. Y podemos escapar del hechizo de la llamada “Consciencia ligada al tiempo”.
Lo que desearía hacer en los próximos minutos, es mostrarles un cuadro conceptual dentro del cual entenderlo que ahora estoy llamando Cuerpo Mecánico Cuántico. Éste es un solo término moderno para describir lo que la tradición antigua siempre entendió, que detrás de la fachada del cuerpo, está el cuerpo sutil. Y detrás de la fachada del cuerpo sutil, está el cuerpo causal. Déjenme describirles el Cuerpo Mecánico, como fue descrito en las antiguas tradiciones vedas, que también están de acuerdo con otras tradiciones espirituales. Aquí estoy representando en este triángulo, de acuerdo a Ayurveda, los tres componentes de nuestro cuerpo físico: Que serán el cuerpo físico, algo llamado cuerpo sutil, y algo llamado cuerpo causal, o también cuerpo nirvánico o de bienaventuranza.
El cuerpo físico está hecho de materia y energía. Moléculas y energía. En el Ayurveda a la energía se le ha dado el nombre de Prana. En la antigua tradición China se llama Chi. Pero no importa cuál sea el nombre, creo que todos estamos de acuerdo en que nuestros cuerpos están hechos de materia y energía. Y sabemos, tanto por sentido común como por la física, que la energía puede transformarse en materia, y de la misma manera, la materia puede convertirse en energía. De esta manera las dos son inseparables, como si fueran una.
La vida de los componentes de cuerpo material no es muy larga (las moléculas, como vimos, vienen y van), y cada año este cuerpo está renovado por completo. Así el cuerpo físico es sólo un río de materia y energía que constantemente está reemplazándose.
Y lo que hace esto es el cuerpo sutil, que tiene dos componentes, uno es la mente y el otro es el intelecto, que también contiene en él algo llamado ego. La mente es ese lugar donde experimentamos emociones, sentimientos y deseos. Y creo que ahora estaremos de acuerdo en que la mente no está en el cerebro, sino en todas las células de nuestro cuerpo. O sea que la mente está en todas las células del cuerpo, que cada célula tiene una mente con sus sentimientos, emociones, deseos, etc.
El intelecto es ese lugar donde experimentamos ideas, nociones, conceptos y creencias.
¿Qué son las creencias?. Las creencias son ideas, iguales que cualquier otra idea. No hay ninguna diferencia entre una creencia y alguna otra idea, más que el hecho de que nosotros sostenemos que es verdad. Esa verdad, obviamente no es una verdad universal, porque ustedes ven personas matándose las unas a las otras, sólo para defender sus creencias. El Ayurveda dice:
“Las creencias son simplemente ideas, que uno sostiene que son verdad, que son difíciles de destruir y que sobreviven al creyente”.
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De todas maneras, en el intelecto experimentamos ideas, nociones, creencias y conceptos. Y éstos están también en todas las células de nuestro cuerpo. La célula inmunológica tiene un intelecto. Porque la célula inmunológica tiene que tomar decisiones todo el tiempo. Si ve un virus, tiene que decidir si es un virus amistoso, inamistoso, ¿debo atacarlo?, ¿debo dejarlo tranquilo?, ¿cuál fue mi última experiencia con este fulano? Y si nunca me crucé con él antes, ¿qué pensaba de él mi abuelo?, etc.
Hay experiencia, y aprendizaje y decisiones en las células de nuestro cuerpo. Ese es el intelecto. Y dentro del intelecto hay otra colección de ideas, llamada ego. El ego se presenta como resultado de identificarse con el objeto de la experiencia. Si nos identificamos con un objeto de la experiencia y buscamos identidad con esas experiencias, entonces fabricamos el ego. Por ejemplo, si se sale a la calle y se le pregunta a alguien: ¿Quién es usted? Normalmente no va a decir: “Soy un punto focal holográfico en el cual el universo entero se manifiesta como una serie de eventos en espacio-tiempo”, lo cual sería técnicamente cierto.
A la pregunta de: ¿Quién es usted?, la persona comenzará describiendo sus experiencias, un nombre, una relación, un oficio, una cuenta de banco, la casa que posee, etc. Y cuando todas estas ideas están puestas juntas, y uno se identifica con ellas, se crea algo que es la imagen de uno mismo pero que no es uno mismo.
La imagen de uno mismo es creada como resultado de lo que es llamado proyección de los objetos en el sujeto. Uno se identifica y se refiere a los objetos de nuestras experiencias. Pero uno no es los objetos de experiencia, uno es el que está teniendo esas experiencias. Y esa es la manera como el ego ha nacido. Y en el nacimiento del ego está el nacimiento del tiempo. El tiempo se produce cuando nace el ego. Del propio ser surge la auto-imagen. Del espíritu, viene una colección artificial de ideas.
El tiempo no es nada más que la continuidad de recuerdos que usa al ego como un punto de referencia interno. Si nuestro punto de referencia interno es la imagen de uno mismo, el ego, ahí es donde nace el tiempo. En la mayor o menor medida que uno rompa la barrera del ego, resulta en cuanto uno entra al territorio del espíritu. Y en esa medida uno escapa a tener la conciencia atada al tiempo.
Más allá del ego, está entonces el cuerpo nirvánico o de la bienaventuranza, que es también llamado cuerpo causal. Y éste a su vez, tiene dos niveles: Uno que llamamos cuerpo causal o de bienaventuranza condicionado, porque está condicionado por la simiente de recuerdos y deseos. Y estas semillas de recuerdos y deseos llegan allí como resultado de nuestras experiencias pasadas. Metabolizamos cada experiencia que nos llega, creamos recuerdos y estos recuerdos se convierten en deseos en potencia. Estas semillas de recuerdos y deseos, se convierten en lo que podríamos llamar el programa de operación del cuerpo causal.
Y más allá de eso, está el cuerpo de bienaventuranza, o espíritu puro, que no tiene ninguna clase de acondicionamiento. Lo llamamos bienaventuranza… Ahora, si uno es un científico, y quisiera entender esto en términos científicos podemos decir: tenemos un cuerpo de materia, campos de materia, campos de energía, campos de transformación (porque eso es lo que vemos aquí, transformaciones de energía e información), tenemos campos de información, y campo unificado. Porque a este nivel, todo está unificado.
Y hay campos de información individuales, manifestándose como campos de transformación, como energía- materia, y además como cualquier experiencia en el mundo de los objetos físicos, del universo material.
Si a uno no le gustan los términos científicos, de una manera simple, tenemos un cuerpo, tenemos energía, tenemos mente, tenemos intelecto, tenemos ego. Esto sería mi alma individual con sus simientes de recuerdo y deseo, y esto será el Espíritu Cósmico de esa Unidad en el Todo… de donde todos provenimos, en el que somos pequeñas ondas en ese vasto océano de inteligencia, estructurando semillas individuales de recuerdos y deseos, que encuentran expresión como ego, intelecto, mente y cuerpo en el mundo de las experiencias físicas.
Es por eso que el sabio dice:
“Yo no estoy en el cuerpo, el cuerpo está en mí. No estoy en la mente, la mente está en mí.
No estoy en el mundo, el mundo está en mí”.
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En la medida que podamos tener nuestro propio conocimiento por experiencia, de nosotros mismos, como la totalidad de esto: ¿Quién soy…? ¡Soy todo esto! Soy el observador, a este nivel, soy el proceso de observación, y soy el observado. Soy el que mira, a este nivel, soy el proceso de la vista (porque el proceso de ver o percibir es a través de la mente, el intelecto y el ego), y soy también el paisaje. ¡Yo Soy Todo, en esta totalidad, encontrando diferentes experiencias desde diferentes formas y fenómenos! En la mayor o menor medida que adquirimos conocimiento por experiencia de esto, rompemos la barrera del tiempo.
Mientras estudiaba e investigaba buscando la Mente Sin Tiempo, se me hizo obvio que la gente que vive la expresión Cuerpo sin Edad, Mente sin Tiempo, exhibe como resultado del conocimiento por experiencia de ese sentirse en el Todo, diez características, que decidí llamar Maestría Activa.
Maestría Activa no significa poder ni control sobre otra gente, sino la habilidad de escribir su propio destino. Quiere decir tener completa autonomía con respecto a su vida y las circunstancias de su propia vida. Y las diez características de la Maestría Activa, como las escribí, las cuales son el secreto de Cuerpo sin Edad, Mente sin Tiempo, son las siguientes:
Nº 1- Las personas con Maestría Activa tienen conocimiento por la experiencia, de la naturaleza espiritual.
Se ven a sí mismas como seres espirituales con experiencias humanas ocasionales, en lugar de verse como seres humanos que tienen ocasionales experiencias espirituales.
Nº 2- Las personas con Maestría Activa han aprendido a manejarse con las toxinas en su vida.
Lo tóxico incluye no sólo la comida y bebida tóxica, sino también relaciones tóxicas y emociones tóxicas.
Nº 3- Las personas con Maestría Activa han eliminado la necesidad de aprobación y la necesidad de controlar.
Porque la necesidad de aprobación es una necesidad del ego que vive en temor, lo mismo que la necesidad de controlar. Si el punto de referencia interno de su experiencia deja de ser el ego, o la importancia de uno mismo, que es otra forma de autocompasión, entonces no hay necesidad de aprobación ni de controlar.
Nº 4- Las personas con Maestría Activa, han aprendido a usar el espejo de las relaciones para su propia evolución, sabiendo que aquellos que ellos aman y aquellos que ellos odian son ambos espejos de uno mismo.
Amamos a aquellos en quienes estamos buscando algo que deseamos en nosotros mismos. Y nos desagradan aquellos en los que encontramos características que son cosas que estamos negando en nosotros. Si alguien nos es indiferente, no tenemos que preocuparnos de él. (Risas)
Nº 5- Las personas con Maestría Activa tienen el diálogo interno cambiado de ¿Qué hay en esto para mí? a ¿Cómo puedo ayudar?
Y es que es el diálogo interno del ego el que dice ¿Qué hay en esto para mí? Hay un interesante estudio de cardiología, que muestra que aquellas personas que frecuentemente repiten los pronombres yo, yo, mío, mío, tienen tres veces más experiencias de ataque cardíaco, que aquellos que no los usan tanto. Pero el ego interno del espíritu es: ¿Cómo puedo ayudar?, porque el espíritu es ese estado de muestra conciencia donde experimentamos nuestra propia universalidad.
Nº 6- Las personas con Maestría Activa, son también muy sensibles a las necesidades de sus cuerpos.
Entendiendo que el cuerpo está allí porque el espíritu decidió tener una experiencia. De otra manera, el cuerpo no estaría allí. En muchas tradiciones espirituales, han llegado a ser un sello distintivo de virtuosidad espiritual el negar las necesidades del cuerpo y denigrarlas.
Pero el Ayurveda dice que éste es un universo recreativo. Cuando Dios decidió crear el universo, Ella tuvo la idea (sostenidos aplausos del público): “Vamos a divertirnos un poco”.
Ésa es la razón por la que los delfines danzan en el océano, ésa es la razón por la que los pájaros cantan, y ésa es la razón por la que los niños juegan. Es un universo recreativo, para aquellos que desean disfrutar los aspectos más grandes de Dios, que son alegría, y amor, y júbilo, incluyendo la sensual naturaleza del cuerpo humano. Así personas con Maestría Activa, escuchan los mensajes del cuerpo y no suprimen los deseos naturales, que se presentan como resultado de esta total integración de cuerpo, mente, espíritu y medio ambiente.
Nº 7- Las personas con Maestría Activa, tienen su vida centrada hacia una consciencia del momento presente. Entendiendo que el pasado se ha ido y el futuro no está todavía. En este momento estoy libre de los dos.
Este momento es el regalo precioso de quince mil millones de años de tiempo de evolución. Este momento es para tomarlo “tal como es”, porque todo el universo es “tal como es”. Atentar contra este momento es atentar contra todo el universo.
Nº 8- Las personas con Maestría Activa han renunciado a la necesidad de juzgar.
Un aforismo del Ayurveda dice: “El pecador y el santo, simplemente están intercambiando notas”. El santo ha pecado y el pecador será santificado. Así, no necesito compartir la carga del juicio. Desprenderse de la carga del juicio, es vivir libre de cuidados, sin preocupaciones, con alegría.
Nº 9- Las personas con Maestría Activa han reemplazado su conducta basada en el temor, que es el comportamiento del ego, con una conducta basada en el amor.
Y finalmente…
Nº 10- Las personas con Maestría Activa ven el universo entero, allí fuera, como una proyección de su ser.
Sea lo que sea lo que hay en el paisaje, usted, el que lo ve, lo está pintando.
Y así termina estas sinopsis de parte del material que contiene Cuerpo sin Edad. He buscado desarrollar ejercicios prácticos que ayuden a las personas a salir de los límites de una “conciencia ligada al tiempo”, hacia una “conciencia sin tiempo”.
Muchas gracias por venir.
Vive en PLENITUD.
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